ANAB - Associazione Nazionale di Bioarchitettura
La ANAB, cuya actividad se inició en 1999, es una entidad que se encarga de difundir los principios de la proyectación sostenible a través de actividades de investigación, formación, asesoría y mediante la expedición de certificaciones de sostenibilidad medioambiental a productos para la construcción.
La etiqueta distingue los productos que obtienen la certificación de adecuación a los criterios de evaluación sometidos al control y validados por el Istituto per la Certificazione Etica ed Ambientale. El ICEA, que se dedica a analizar los productos que piden la etiqueta de ecocalidad y de medir los resultados en base a valores estándar establecidos, es uno de los organismos más importantes del sector en Europa, con más de 11.000 empresas verificadas, con un fuerte valor ético, medioambiental y social.
El objetivo perseguido con la certificación de los Materiales para la Bioconstrucción es “mejorar la calidad de los productos para la construcción reduciendo las emisiones nocivas, el uso de energía y utilizando recursos renovables por unidad de producto durante las fases de preproducción, producción y postproducción, todo ello respetando el medio ambiente, la salud y la seguridad de los trabajadores y de los usuarios”. Es evidente que el análisis llevado a cabo por la ANAB es de carácter interdisciplinar, ya que pondera todas las dimensiones —ecológica, social, económica y cultural— que concurren para formar el concepto de sostenibilidad.
¿Cómo trabaja la ANAB?
Los criterios utilizados por la ANAB en sus evaluaciones para la expedición de la certificación a los productos Eiffelgres tienen en cuenta todo el ciclo de vida del material: desde el origen de la materia prima hasta la utilización final, se hace un seguimiento de las distintas fases de la producción a fin de garantizar el respeto del medio ambiente.
El análisis inicial efectuado por la ANAB se refiere a las modalidades de obtención de las arcillas, indispensables para la producción del gres porcelánico, y a los sitios de los que se obtienen. Las cantidades y los procedimientos de aprovisionamiento de la materia prima, tanto si están en el territorio nacional como si no lo están, deben respetar la normativa nacional y/o local que regula la protección de suelo, agua, flora, fauna y conservación del paisaje.
Para proteger todo ello, existe una legislación específica, que hace referencia ante todo a las Directivas de la Comunidad Europea en el tema medioambiental, en paralelo a la certificación ISO 14001, en la que se apoya la entidad certificadora para definir criterios y medidas.
Se impone que las mismas materias primas, en fase de elaboración, no sean sometidas a alteraciones significativas a través de la adición de aditivos no permitidos y, en general, la cantidad utilizada de eventuales sustancias añadidas no debe superar los límites preestablecidos, por encima de los cuales está probado que se podrían producir riesgos para el medio ambiente y para el hombre.
La segunda fase, evaluada atentamente en el proceso de certificación, se refiere a las fases de producción.
Los requisitos impuestos por los estándares de la ANAB se refieren a: la gestión del uso del agua, la emisión de sustancias en el agua y en la atmosfera, el consumo de energía, la producción y la gestión de los residuos generados en la fabricación.
Todos estos puntos deben responder a estándares relativos a cantidades, límites y severos reglamentos que tienen como finalidad la reducción del despilfarro y de la emisión al entorno de sustancias contaminantes.
Muchos de los requisitos proceden de las normas definidas en la ISO 14040, optimizadas a través de un enfoque sistemático como el proporcionado por el análisis del ciclo de vida (LCA, Life Cycle Analysis).
En un último análisis, se evalúan características y efectos del uso final del producto.
El material Eiffelgres, que ante todo debe asegurar que proporciona la calidad, funcionalidad y estética para las que ha sido realizado, garantiza que no se emitan en el entorno, interior o exterior, sustancias perjudiciales para la salud humana y que no se supere el límite impuesto en cuanto a la emisión de radiaciones.
El consumidor final debe saber cómo utilizar y manutener el producto comprado, gracias a una comunicación clara y comprensible, que proporcione también todas las informaciones necesarias para la eliminación del material según criterios ecológicos, una vez en desuso.
En referencia a la calidad del aire en espacios interiores
Se ha observado que muchos de los materiales empleados en la construcción contienen sustancias perjudiciales y son fuente de contaminación interior, es decir del aire que se encuentra dentro de los espacios domésticos y de trabajo.
Actualmente, se tiende a pasar la mayor parte del tiempo en espacios cerrados y, sobre todo, en entornos estancos que están aislados de las temperaturas externas mediante aislamientos y cerramientos de alta calidad.
En la estación fría, la concentración de elementos contaminantes tiende a aumentar y se ha demostrado que algunos agentes contaminantes se concentran sobre todo en los entornos domésticos más que en el exterior.
Ello demuestra que es muy importante evaluar si un material es ecológico en todo su ciclo de vida.
En el caso del gres porcelánico, existen estudios científicos que muestran, con resultados óptimos, las propiedades físico-químicas que permiten definirlo como un material ecocompatible y absolutamente no nocivo para la salud humana.
¿Por qué elegir un producto certificado ANAB?
Elegir un producto de construcción certificado ANAB significa contribuir a preservar el medio ambiente natural y tener la garantía de vivir en un entorno sano.
La etiqueta de calidad ecológica garantiza que el producto Eiffelgres produce un menor impacto medioambiental respecto a otros productos de la misma categoría no certificados y que proporciona informaciones e indicaciones científicamente comprobadas sobre sus características.
A diferencia de otras etiquetas de certificación ecológica, como ECOLABEL o EMAS, ANAB se articula en un conjunto de normas mucho más severas y restrictivas en cuanto a criterios de evaluación admitidos y no tiene en cuenta razones que no estén rígidamente circunscritas a la lógica del respeto medioambiental, reforzando, de esta manera, la validez de su credo y la eficacia de sus resultados.
Los proyectistas y los particulares que eligen productos certificados ecológicamente contribuyen a la difusión del respeto del medio ambiente, que se encuentra en la base del desarrollo sostenible.
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